Lauta el magnífico

Nació hace 20 años en agosto de 1997 en un pueblo cercano a Bahía Blanca, General Cerri.
El primero de tres hermanos, sus padres lo esperaron con mucho amor y esperanza. Su padre, José, carnicero del pueblo y muy conocido en la zona, por tener la mejor carne y por además ser una persona muy cumplidora. Tanto lo era, que los mejores restaurantes de la gran Bahía, venían a comprarle porque sabían que siempre tenía lo mejor, y cuando no lo tenía, lo decía con un “Vengase dentro de dos días que le cumplo el pedido”.

Su madre, Celia, era la costurera del pueblo, y al igual que José, también venían a verla desde la gran ciudad para encargarle algún vestido, que hasta podía ser de novia. Y ella, trabajadora y sin descuidar nada, lo hacía con el mayor profesionalismo.
Allí el mayor de los tres hermanos, Lautaro, fue criado en un ambiente de trabajo, de honestidad y de transparencia. Había una regla común que decía siempre José, y que todos debían cumplir, “el esfuerzo no se negocia, todo se hace para 10, inclusive lo más insignificante”.

Y así fue que los tres hermanos se criaron en ese Gral. Cerri, entre la escuela, las tardes de verano en el polvoriento potrero, donde pasaban largas horas jugando a la pelota. Pero Lauta, ya era especial de chico, de mirada seria, siempre concentrado, era el elegido por todas las maestras para representar al grado de turno en cualquier acto escolar, leyendo algo o simplemente izando la bandera, recordando siempre la regla incondicional de su Padre.

Todo se lo tomaba con absoluta seriedad, sin perder tampoco su linda y jugosa infancia entre sus amigos del pueblo y la escuela. Lauta también ayudaba a su papá en la Carnicería, sobre todo a fin de año donde se juntaban los pedidos por las fiestas y todo era un caos de gente que iba y venía dentro del local.

Así como era unido con sus hermanos, lo era con sus padres, porque desde chico, tomaba con absoluta responsabilidad ser el hijo mayor. En esa familia, si bien no sobraba nada tampoco faltaba, siempre tenían lo que necesitaban. En sus tardes Lauta, si hablamos de futbol, se destacaba primero en el potrero siendo un delanterito goleador, movedizo anticipando al resto en cada jugada y brillando en el juego hasta la última gota de sudor, o hasta que las madres llamaran a cenar.

Fue creciendo y el potrero, pasó en su comienzo de adolescencia, a tardes de sábado en un club de la gran Bahía, el Central Deportivo, y como podía lo llevaba José, que entre medio de su jornada laboral lo cargaba en la chata, y también a sus hermanos menores, a algún colado del pueblo, y recorrían los 15 kilómetros a la gran ciudad.
Aquel delanterito del pueblo se fue haciendo notar en la gran ciudad. Tanto fue así que un buen día, cuando cumplía apenas 15 años, lo convocaron para la selección regional local. Y uno de esos sábados la selección local, jugó contra el combinado de Viedma y ese día, la rompió, la descosió, la gastó.

Lo que no sabía es que lo estaba viendo un emisario de un equipo grande de Buenos Aires. Fue rápido, se acercó, habló con los padres, con Lauta, y le ofreció techo, comida y club en Buenos Aires, además de escuela. Lauta no podía creer que le estuviera pasando eso, encima el Celeste, un equipo grande de Buenos Aires, recordaba cuando juntaba figuritas y la difícil era la del artillero goleador, el Licha.

Le resultó difícil los primeros tiempos, ya en una ciudad tan grande como Buenos Aires, extrañaba hasta el perfume de verano de los jazmines de su madre, el potrero, los amigos, y a sus hermanos. Sin embargo, con el empuje de sus padres, y de la pensión del Celeste, que le facilitaba todo, la cosa siguió y siguió… Goleador en todas las categorías, tanto se destacó que fue convocado y seleccionado para el Sub 20, primero jugó el Sudamericano y luego el mundial.
Un ex jugador, un tipo del futbol muy ducho en ver potenciales estrellas, le ofreció sus servicios de representante, y enseguida le consiguió un primer contrato, y luego una mejora en el mismo. Lauta seguía creciendo, ya en la primera dejando de ser promesa para convertirse en realidad.

Sin embargo las pujas entre el representante y el presidente del club, no tardaron en llegar, que “cláusula de recisión”, que lo llaman de un importante equipo de España, de un club de Inglaterra, que esto y lo otro…
Parecía que se lo comían crudo a Lauta entre esos dos caimanes de los negocios.

Pero Lauta , tenía sus propios tiempos, con la mente clara, y con su toque final firme como lo hace dentro del Área, siempre presente a sus padres, sus valores, sus esfuerzos y su cumplir por sobre todas las cosas. Agradecido a la Celeste, y sabiendo que la gente lo comenzaba a amar, por su entrega, su juego y su amor por el club. El representante lo presionaba para que se fuera, el presidente no le quería mejorar el contrato.

Pero Lauta, así como la tenía clara en el Área y con el pique corto se adelantaba a todos, dijo “yo me quedo hasta 6 meses más, y si clasificamos para la Copa otros 6, Uds. digan y hagan lo que quieran yo no firmo nada me quedo acá”.
Tiene 20 años, parece que lo sabe todo, pero no es así, solo sabe de valores, de formas, de agradecimientos, se concentra en el futbol, en devolverle a la Celeste todo lo que entregó, siempre tiene presente en dar lo mejor. No se dejo influenciar, por nadie, recordó de donde viene, recordó sus raíces, y además sabe que como los goles, todo llega a su tiempo. Simplemente no sólo es su nombre, Lauta… es magnifico.

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Acerca de Gerardo Lemmi 53 Articles
Gerardo Lemmi es escritor y periodista deportivo.

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