Las vueltas de la vida

Muchas veces, uno se pasa la vida persiguiendo un sueño. En mi caso, el sueño de viajar hasta acá, comencé a abrigarlo a mis 6 años, al apenas iniciar mis estudios de dibujo y pintura.
Allí, en el taller donde daban clases los dos viejos pintores de Gerli, además de originales, las paredes estaban llenas de reproducciones de los más grandes pintores de todos los tiempos.

Así, con cada clase, mientras me dirigía al lugar de trabajo: una especie de grada de tres grandes escalones en los que nos sentábamos, para que los de la fila delatera no tapasen al los que estaban detrás,y con un largo listón delate de cada largo asiento, donde apoyábamos nuestro tablero de dibujo.

Al frente, a unos 3 mts., se hallaban los modelos de yeso que cada uno elegía para dibujar según lo avanzado de su conocimiento.

Así, desde el primero que me tocó, una jarra de café, fueron cambiando en complejidad, conforme avanzaba el tiempo y mi técnica.

Sin embargo, y a pesar de que, según los profesores, parecía que tenía talento, no veía la hora de que me permitiesen emprender la segunda etapa: la pintura. Ésta, era mi desvelo. Sobre todo, por la reproducción de uno de los cuadros que ví, al apenas entrar el primer día.

En él, a diferencia de algunas reproducciones que había visto de Da Vinci, Rembrandt, o Miguel Ángel –por nombrar a algunos-, podía ver la fuerza de cada pincelada. Así, a pesar de ser una reproducción en papel satinado, la tensión que transmitían esas pinceladas, hasta me hacían imaginar la mano del pintor mientras las daba. Comparado con los otros, parecía desprolijo. Mas, los trigales que el tipo había pintado, parecían ser movidos por ese viento proveniente de ese cielo tormentoso que, en cualquier momento, amenazaba con descargar sus pinceladas sobre los trigales.

Porque eso es lo que el cuadro me hacía sentir: que en cualquier momento, las pinceladas se moverían.

Así, cada vez que iba a clase, lo primero que hacía, era ver si algo en en el cuadro había cambiado. Una tarde, mientras miraba absorto, a unos pájaros negros que el autor había pintado – con apenas dos trazos- sobre los trigales, , tratando de ver si estaban en el mismo lugar, una voz me trajo a la realidad.

“Parece que estuviesen volando de verdad, no?”
Era la voz de mi profesor.
“Sí”, le respondí, “Pero cómo lo hace?”
“Parece que te gusta Van Gogh”, repreguntó el profesor.

“Quién”, pregunté sin entender.

“Mirá, ese cuadro, que no dejás de mirar cada vez que venís a clase, fue pintado por un pintor holandés. Se llama, o se llamaba, Vincent Van Gogh. Pero mejor, vení. Hoy, en vez de dibujar, te voy a presentar al amigo Vincent. Me parece que, mañana, tu mamá va a tener que llevarte a que te tiren el cuerito: te vas a empachar de color y de pasión”.

Después, me llevó hasta un escritorio que había en la recepción, me hizo sentar, buscó un libro grandote que había en la biblioteca, se sentó a mi lado y, al otro día, mi mamá tuvo que llevarme de Doña Camila –la curandera-: el libro, era un catálogo de la obra completa de ese pintor desbordadamente monumental.

Así, con los años, fui abrigando mi sueño de conocer la tierra de Vincent. Como el personaje de la película de Kurosawa, me imaginaba recorriendo el paisaje de sus obras hasta meterme en ellas.

Las vueltas de la vida, me llevaron a dejar el dibujo y la pintura. Sin embargo, jamás abandoné mi sueño. Después, las vueltas de la vida, la llevaron a mi hija mayor, a estudiar Bellas Artes.

Y acá estoy, a cincuenta años de aquella tarde en la que Don Vincent Van Gogh, me fuese presentado, en la ciudad de Amsterdam.
Las vueltas de la vida, y la puta madre que las parió!: en la sala de un puto hospital holandés, cuidando a mi hija que fue operada de urgencia de vesícula. Lo peor, es que frente a mí, tengo que bancarme, una foto de Máxima y Guillermo, con menos movimiento y gracia, que dos pedazos de roca!

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Acerca de Ricky Veiga 52 Articles
Escritor, guionista, productor de Radio y TV.

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