De vacunas,vacunados y argentinos oportunistas

Por Fernando Quiroga

Los que vienen para vacunarse y se quedan a vacacionar. Los que buscan oportunidades para una nueva vida; los que creen, los que intentan, los “chorros, maquiavelos y estafaos” que también nos definen. Todos argentinos… y en Miami

Thomas Hobbes, filósofo y escritor inglés del siglo XVII, acuñó una frase que a los argentinos nos viene como anillo al dedo: “El Hombre es el Lobo del hombre”, que en nuestra poesía telúrica se traduciría conceptualmente como “No hay peor juez para un argentino, que su propio par”.

Tomando un café en un pub de Brickell, escucho la frase que origina esta humilde y oportuna editorial

De vacunas,vacunados y argentinos oportunistas

– …y lo peor de todo es que insisten con que soy argentino… – resopló un veterano con buen perfume pero desalineado, golpeando la barra con un anillo bastante vistoso.

– Yo pensé que eras argentino… – refirió sorprendida su compañera con claro acento cubano. Entendí que jugaba de compañía ocasional por la poca certeza que presentaba al definirlo

…pero claro que soy argentino, si nací en Devoto, pero digo que soy uruguayo y zafo… – resolvió rápidamente mi objeto de estudio, mientras su bocanada de vapeador sabor strawberry definía el ambiente

– …pero ¿Cuál es el problema? – reaccionó sorprendida y a la vez sonriente su interlocutora. Puntualmente, y mientras sorbía el resto del frapuccino, era la pregunta que yo también le hubiera hecho.

– …que tenemos la fama que ya sabés…de ventajeros, qué se yo…- respondió el veterano mientras hacía el típico gesto de los dos dedos en alto, pidiendo la cuenta

– …y eres “ventajero”? ¿O no? – el disparo incisivo de la cubana fue igual a un tiro libre que casi se convirtió en gol. El argento, buen arquero por naturaleza, libró una defensa impecable, con una ofensiva agresiva, imposible de repeler.

– …me hacés el favor corazón? ¿Vas al Lamborghini que está acá afuera y me traés la plata que está sobre el asiento del acompañante? Así pagamos y nos vamos… traé para los dos tragos y quedate con el resto de lo que haya, ¿dale? que nos están esperando en Sunny Isles…

La cubana sonrió y bajó la mirada. Entró en el juego por interés y contestó su pregunta. Definitivamente era el Rey Cliché de los ventajeros. Pero como la inteligencia es quizás, el arma de seducción más notable (y más oscura), bajamos el telón de la anécdota en ese momento… solo agregaré que ambos salieron del café, comencé a sonreir y, a otra cosa mariposa.

Se me ocurrió, desde la construcción subjetiva, cuánto tenemos que aprender del otro, incluso de aquel que, de buenas y primeras, no nos simpatice ni nos represente. La Democracia no es una entelequia oportuna para levantar contra el autoritarismo; es un ejercicio diario de tolerancia, que arranca en el reconocimiento y la posibilidad de convivir con la libertad del otro. El pensamiento me produjo (debo confesar) algo de nostalgia. Comprendí que, tristemente, la democracia como figura mayor, también parece haberse alejado de su cosmovisión recuperada en los 80, cuando la festejábamos sin dilaciones.

Como fuere, el descubrimiento de mi argento amigo (Emilio Disi no lo podría haber compuesto mejor) me conectó con el hecho de reflejarme en otro argentino llegado a esta tierra de oportunidades (por más que no comulgue con sus formas), logré reconocerme como una pieza más entre los miles de compatriotas que llegan día a día.

Mientras leía la editorial anterior de Semanario Argentino, el texto de Oscar Posedente titulado “Creer y luchar”, pensaba en lo oportuna que es la metáfora futbolera para definirnos como argentinos. Tal vez, porque en cada gambeta del destino forjamos un devenir que nos dio nuestra reputación actual; pseudo-europeos en Sudamérica, escindidos de una América inclusiva que vive perdonándonos. Esta, jamás levanta su tribuna para bardearnos, incluso ante los continuos goles en contra que nuestra identidad persiste en cometer…

Pero lo peor, no es nuestra autopercepción ante los hermanos latinos que nos circundan; lo peor de nosotros mismos, es el juicio interno que libramos-

Con la clase media devastada, Argentina aprendió a dividirse en un feudo medieval donde prevalecen dos variedades de ciudadanos: los que pueden y los que no… y cuando digo los que pueden, no me refiero únicamente a pudientes hombres y mujeres que, habiendo heredado oportunidades, las capitalizaron para tener vidas de bon vivants. Me refiero también a laburantes del acervo del pensamiento, docentes, comunicadores, empresarios de la autogestión o simplemente hombres y mujeres que, se ponen la camiseta (y nuevamente el futbol para entendernos) de lo que somos en verdad; un equipo que tiene momentos buenos, momentos malos, pero que persiste, da batalla y, orgullosamente, se sostiene.

Lo inconcebible, es atacarnos entre nosotros. Cargar contra el propio, contra el igual que puede, es folklore obligado en las Tierras del Plata.

Mi viejo decía que no se podía modificar el pensamiento del otro; que había que aprender a convivir con el posible disenso, aceptarlo y darle para adelante. Lo que ocurre, es que cuando la institucionalidad acomete contra la diferencia, colapsan las seguridades que definen la identidad.

El ejemplo es más que ilustrativo; ver y escuchar a medios oficiales de nuestro país (destacados e históricos), atacar a los propios argentinos que tuvieron la posibilidad de venir a vacunarse, es casi de manual en vías de consultar a un terapeuta. Un horror.

Claro ejemplo de mediar para abajo, es la construcción de la noticia a partir del desdén, de la presunta percepción de país de los que no pueden, cuestión que no tiene porqué ser así. Hacerlo, no solo es subestimar a millones de argentinos, sino también condenarlos (tal vez) a un rótulo que no tienen, no desean y no merecen.

Al viejo dicho Pobre pero Honrado, yo lo cambiaría por Humilde, íntegro e inteligente; porque también hay miles de habitantes de nuestro suelo albiceleste que, naturalmente no nacieron en la vereda de los que pueden, y sin embargo con persistencia, responsabilidad, paciencia, coherencia y compromiso, se transformaron en la tercera clasificación, naciente y pujante, que quizás decora de otra manera el espacio de los que pueden. Ellos son: los que se animaron a poder.

Y allí, humildemente, estamos los que jugamos a ser David frente a los Goliath de una cotidianidad asfixiante, frente a las eternas Máquinas de Impedir que persisten en complicar algo tan simple, bonito y natural, como es la tibieza de la vida cotidiana.

El camino inverso: de Miami a Buenos Aires en busca de oportunidades

Yo me doy el lujo de vacunarme porque me vine de vacaciones… – dijo otro conciudadano del otro lado de la barra.

Nadie le explicó jamás que la vacuna es un derecho, no un lujo; y el hecho de que el pueda acceder, se lo brinda la política inclusiva de este país, no su cartera forrada con plásticos mágicos. Pero no lo sabe, y parte de respetar la diferencia, es asumir que el también tiene derecho a regordearse en su propia percepción del mundo…Santa Democracia, ¡cuánto tenemos que aprender todavía!

Pagué la cuenta y salí. La noche invitaba a caminar, pero estaba más que cansado; la oportunidad de un Uber cerró la jornada. Miguel se llamaba el chofer, que me recibió con claro acento cordobés: “Llegamos con mi señora y los chicos hace unos cuatro meses, yo que soy de riesgo me pude vacunar, estamos más que contentos…” me refirió el cincuentón que se había animado a arrancar de cero con su vida, la de su señora, y la de tres chicos… el más chiquito tiene cuatro años.

Esa noche, en ese pequeño acto, el equilibrio universal me devolvió la esperanza.

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