Un saludo con pasado : La historia del gesto más popular, el ‘shaka’

El pulgar y el meñique abiertos y el resto de dedos doblados hacia dentro. Se trata de un gesto icónico que habrás visto más de una vez: en presidentes, futbolistas o surferos, sobre todo surferos. Vale, puedes ser de Pamplona y no tener ni idea de surf, pero si lo buscas entre los emojis de ‘WhatsApp’ ahí está, y en tus fotos de ‘Tuenti’ también. Conocido como ‘shaka’, no lo inventó Ronaldinho, su historia se remonta mucho antes, se ubica, concretamente, en Hawái y de alegre no tiene nada.

Aunque en la actualidad lo puedes encontrar en cualquier parte, su contexto se ubica en dicha isla a mediados del siglo XX. Según recoge Sarah Durn en ‘Atlas Obscura’, el origen de la palabra no sería en realidad hawaiano sino japonés. Sin embargo, fue un vendedor de coches quien extendió aquel concepto: David «Lippy» Espinda lanzaba un shaka en sus anuncios de televisión de 1960 y luego decía su eslogan: ‘¡Shaka, brah!’. En las décadas de 1970 y 1980, el gesto también se destacó en los anuncios de la campaña de reelección de Frank Fasi, el alcalde de Honolulu que más años ocupó el cargo.

No obstante, aunque el fútbol no tiene que ver con este gesto, el surf sí. El aumento de la popularidad de este deporte en las décadas de 1950 y 1960 a lo largo de las playas de Hawái aumentó la consolidación del shaka sin límites geográficos. Pero si bien es entonces cuando se populariza, ¿cuándo nació realmente el gesto? ¿Con qué significado? Eso, como la palabra misma, es incierto.

Un saludo con pasado : La historia del gesto más popular, el 'shaka'

Un accidente doloroso

Según apunta June Watanabe en el periódico ‘Honolulu Star-Bulletin’esta historia se remonta un siglo atrás, surgiendo de la mano de una trabajadora de las plantaciones hawaianas ‘Hamana Kalili’. «El sobrino nieto de Kalili, Vonn Logan, que trabaja para el Departamento de Educación de la Universidad Brigham Young de Hawái, explicó que el trabajo de Kalili era introducir caña de azúcar en los rodillos para exprimir el jugo. Perdió los dedos cuando su mano quedó atrapada en aquellos rodillos. Como ya no podía trabajar en las plantaciones, le ofrecieron un puesto como guardia de seguridad en el tren azucarero que solía viajar entre Sunset Beach y Kaaawa», explica.

Cada vez que Kalili saludaba, hacía lo que ahora se conoce como el gesto de shaka. Desde entonces, los niños locales comenzaron a imitarla y difundieron aquellos dos dedos alzados.

Aunque algunos aseguren que comenzó con los surfistas llegados de California, a este símbolo gestual con múltiples significados, desde «gracias» hasta «paz» o «adiós», los conforman muchas más historias de personas que perdieron los tres dedos de una mano en algún accidente laboral, como señala Watanabe.

La historia escondida

Cuándo se produjo aquel accidente se desconoce; sin embargo, el eco que dejó subraya la imposición de unas condiciones laborales decadentes que condicionaron durante la primera mitad del siglo XX a todo la población hawaiana: Nicholas B. Miller, profesor asistente en Flagler de Florida College y ex investigador del proyecto ‘Color of Labor’, recuerda a ‘Atlas Obscura’ que «cuando las plantaciones de Hawái comenzaron a funcionar a finales del siglo XIX, innumerables trabajadores soportaron condiciones terribles para cultivar y cosechar ‘oro blanco’ o caña de azúcar, una planta muy afilada e implacable». Además, para poder recogerlas, se prendía fuego a los campos con el fin de quemar las hojas de las plantas y dejar libre el tallo.

Hasta bien entrado el siglo XX, las plantaciones de caña de azúcar y piña fueron las mayores fuentes de trabajo de Hawái. La industria azucarera estaba fuertemente controlada por descendientes de familias misioneras y otros empresarios caucásicos, concentrados en corporaciones conocidas en la isla como «los Cinco Grandes».

Si bien es cierto que cuando las plantaciones hawaianas comenzaron a producir a gran escala las grandes corporaciones que controlaban los terrenos llevaron a cabo una enorme importación de mano de obra, los historiados e historiadoras suelen pasar por alto que, antes de aquella inmigración masiva, la población nativa ya se enfrentó a un modelo de trabajo que no contemplaba los derechos de los trabajadores. En 1850 llegó el primer trabajador de China, y entre 1852 y 1887, llegaron casi 50.000 más. Aquello modificó toda la demografía de Hawái y es un ejemplo extremo de los albores de la globalización.

Más tarde llegaron personas de otras nacionalidades: japoneses, portugueses, noruegos, coreanos, filipinos, rusos o puertorriqueños, entre otros, conformaron un mapa del negocio del azúcar. Hawái fue perdiendo así su identidad, en la niebla que genera el ritmo de la explotación. Entre las historias que aún guardan los nativos ancianos, unos dedos que representan mucho más que una moda.

«Si miras desde la perspectiva de los indígenas hawaianos que fueron desposeídos y que no fueron incluidos en una igualdad de condiciones, o en los términos que ellos querrían para ellos mismos porque estuvieron allí de antemano, entonces esto no se puede entender de manera pacífica«, dice al mencionado portal Cristina Bastos, Cristiana Bastos, investigadora de la Universidad de Lisboa.

Por Carmen Macías (fuente Confidencial. com)

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