Nisman sabía que la investigación podía costarle la vida: la historia del testigo que “tenía miedo” y fue asesinado

El sargento retirado de la Federal, Héctor Goncalves Pereira, debía ampliar su declaración por una flota de teléfonos a su nombre que se activaron el día en que se conoció la muerte del fiscal. Murió días antes en el Hospital Churruca.

Diecinueve veces aparece el nombre de Héctor Osvaldo Goncalves Pereira en la resolución en la que el juez Julián Ercolini procesó a Diego Lagomarsino por el homicidio de Alberto Nisman, el 17 de Diciembre de 2017. El testigo, sargento retirado de la Policía Federal y una de las claves del entrecruzamiento de llamados entre espías y funcionarios, no pudo saberlo, había sido asesinado por piratas del asfalto un año antes.

El ex policía predijo su trágico destino. “Tenía miedo de que lo maten”, diría su abogado Alfredo Olivan tras el crimen. Hasta ese día, Goncalves Pereira, un ex agente de 50 años, ejercía como custodio en Exxel Group, una actividad a la que se dedicaba “con mucho profesionalismo” desde que había dejado la fuerza de seguridad, detallaron desde su entorno.

Nisman sabía que la investigación podía costarle la vida: la historia del testigo que “tenía miedo” y fue asesinado

Claro que el fatal desenlace de Goncalves Pereira ocurrió muy lejos del departamento de las Torres Leparc de Puerto Madero en el que encontraron el cuerpo del fiscal con un disparo en la cabeza: el testigo fue asesinado el 8 de Septiembre de 2016 tras un enfrentamiento con piratas del asfalto, en el KM 79 del Acceso Oeste, a la altura de Luján. Goncalves Pereira ya estaba muerto cuando Diego Lagomarsino fue procesado por ser considerado partícipe necesario del homicidio de Nisman,

Era parte de la custodia que acompañaba a un camión que trasladaba, desde Córdoba, ropa Lacoste. Los delincuentes los sorprendieron a plena luz del día, con autos de alta gama y armas largas. En la emboscada, no dudaron en vaciar cargadores. Goncalves Pereira recibió varios tiros: en el omóplato izquierdo, en el rostro y en el brazo derecho.

Logró por sus propios medios conducir hacia un centro de salud local, La Renault Kangoo de la empresa Vesubio, la firma por la que Exxel Group adquirió la representación de la marca francesa en la Argentina. Fue trasladado en grave estado al hospital Churruca, donde murió días después.

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El golpe había sido estudiado en detalle: los piratas del asfalto eligieron un punto en que la ruta aparece despoblada. En Esperanza, el barrio más cercano, nadie escuchó los disparos. Tampoco los pedidos de auxilio del resto de los custodios ni del chofer del camión a quienes la banda secuestro por algunas horas. El transporte fue abandonado en Acceso Oeste y Ruta 24. La carga estaba intacta.

Del ruidoso enfrentamiento, solo quedaron resonando rumores de complot entre los vecinos. Todos estaban convencidos que el robo había sido planeado para esconder el verdadero móvil: asesinar a Goncalves Pereira, envuelto en el caso Nisman; la misma hipótesis que abonó la familia del ex sargento en su momento.

Sus familiares buscaron ayuda para hacer oír sus inquietudes acerca del homicidio, pero es en la actualidad un capítulo que piden cerrar. Sus allegados lo recuerdan como “un laburante, que no estaba en nada oscuro”. Prefieren dejarlo así.

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En tanto, la organización delictiva fue desbarata en Abril de 2017, tras 14 allanamientos simultáneos en el conurbano y en la Ciudad de Buenos Aires, un operativo que terminó con 11 detenidos, responsables de varios golpes, entre ellos, en el que fue asesinado Goncalves Pereira.

Por qué era importante la declaración de Héctor Goncalves Pereira en la causa. El sargento retirado es una de las piezas que componen uno de los mayores enigmas de la Argentina: la muerte de Alberto Nisman, por la que Diego Lagomarsino fue procesado al ser considerado partícipe necesario del delito de homicidio simple agravado por el uso de armas y sus custodios, Armando Niz y Luis Miño por incumplimiento de los deberes y encubrimiento. El informático le entregó el arma al ex fiscal y los federales tardaron más de 10 horas en ingresar al departamento de Le Parc.

Alfredo Olivan aún recuerda el nerviosismo con el que se presentaban Goncalves Pereira a sus reuniones por el devenir de su situación en el expediente: Miño, había realizado llamadas a una flota de 8 teléfonos que estaban a su nombre. Entre ellos, el de Antonio “Jaime” Stiuso y otros hombres ligados a inteligencia.

Goncalves Pereirata declaró que no los usaba. Por eso su rol en el expediente no traspasó el de testigo.

Pero custodio no ocultaba su preocupación derivada de que aparecía ligado a las comunicaciones de la flota que se registraron a partir de la madrugada del 18 de Enero de 2015, entre diversas personas vinculadas a las fuerzas de seguridad e inteligencia del país, cuando aún nadie se había asomado por la puerta del baño, trabada con la cabeza de Nisman, que había dejado de utilizar su celular alrededor de las 20:30 hs del día anterior.

En los últimos encuentros, Goncalves Pereira se mostraba ansioso y un poco enojado por otras declaraciones en el expediente. Quería presentarse ante el juez Ercolini para aclarar ciertos puntos. No llegó a hacerlo. Sus allegados sospechan, además, que sus temores podrían estar ligados a algún tipo de información que nunca pudo dar o explicar.

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Sí, en cambio, supieron que deseaba ampliar información sobre el funcionamiento del Exxel Group, para el que trabajaba como custodia. Incluso, comenzó en esa empresa cuidando las espaldas de su titular, el uruguayo Juan Navarro, exitoso empresario en los 90, que adquirió parte del Grupo Yabrán y fue vinculado a servicios de inteligencia internacionales. Incluso, llegó a firmar un contrato millonario con la CIA.

El nombre de Goncalves Pereira salió a la luz en los cruces telefónicos realizados por la División de Fraudes Bancarios de la Policía Federal.

Los llamados telefónicos que había realizado Luis Miño, custodio del fiscal, llevaron a cuentas asignadas a Eugenio Ecke, director de seguridad del Exxel Group, que integran también las firmas Vesuvio y PCDA SA, de Cristian Assan.

El primer llamado lo hizo Miño, el custodio de Nisman, a su hermano Carlos, que también custodiaba a Ricardo Lorenzetti. Ambos hacían horas adicionales para Exxel Group.

Goncalves Pereira declaró que Assan le había pedido que se hiciera cargo de las líneas telefónicas que luego aparecieron en los cruces.

Assan es titular de International General Services SA, empresa del Exxel Group contratada por los Kirchner para realizar 10 vuelos entre 2008 y 2009.

Algunos creen que Goncalves Pereira podría haber dado información valiosa sobre Ecke, socio de Fabían Picón, titular de Palermo Pack, la empresa que le había prestado el Audi Q5 a Nisman.

El director de seguridad del Exxel Group y Navarro, a la vez, fueron investigados por el ex fiscal en la causa de escuchas ilegales en las que fue sobreseído el presidente Mauricio Macri.(TN)

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