En primera persona … del plural

A veces pienso que los argentinos estamos ensimismados. Esto es que, según el diccionario de la Real Academia en una de sus acepciones, nos hallamos sumidos en nosotros mismos. Así, lo que nos pasa y le pasa al país(los otros), se remite a una realidad recortada: la que abarca nuestro propio ombligo. Perdiendo de este modo el registro del otro, de todos lo otros.
No es extraño entonces que aparezcan frases tipo “hay que matarlos a todos”, “acá nadie quiere laburar” o cualquiera de las que ponen los males de Argentina en los otros, siempre en los otros.
Alojados como estamos en la primera persona del singular, “yo” nunca tengo la culpa. Los equivocados son ellos.

Pero, como cada uno de los “ellos” piensa de este modo, terminamos siendo una suma de individualidades que señala al conjunto. Como un tipo en el parque de diversiones con el rifle de aire comprimido tirándole a cuanto pato aparece. La joda es que, en este parque del pensar argentino, en vez de patos hay tipos y tipas con un rifle apuntándose entre sí. Difícilmente alguno, pueda llevarse el muñeco de peluche.
Es que reemplazar el ustedes por el nosotros, implica ver nuestro hacer, nuestra responsabilidad.

Y, como el otro, es casi siempre nuestro espejo, la primera persona del plural nos llevará a ver nuestras miserias. Ni en pedo. La tercera acepción de ensimismado no nos lo permitiría. Ya que esta significa “envanecerse”. Y cómo no va a ponerse vanidoso un tipo o una tipa que no solo jamás se equivoca, sino que es capaz de descubrir a los culpables de los errores: el resto de los mortales. Un tipo así es perfecto. Y, volviendo a la imagen del parque de diversiones, Argentina está llena de millones de personas perfectas. Tranquilamente podemos decir que somos perfectos. Unos perfectos imbéciles.

En este marco, a la hora de analizar nuestros problemas, tenemos millones diferentes. Ni hablar de las soluciones. Lo peor es que, desde este lugar de perfección, excluimos todo parecer que difiera del nuestro. El que no piensa como nosotros es un nabo. Y sí coincide en la índole del problema, seguro que no será así a la hora de la solución. ¿Resultado? Otro nabo más.
Por eso, con estos antecedentes, todos somos los directores técnicos de nuestro equipo de fóbal y de la Selección. Bueno, eso es lo que se creen todos. Acá, en que tiene la posta soy yo. Si me hubiésen dejado dirigir a mi, tendríamos más Campeonatos que los brasucas. Pero qué quieren con este ispa que no reconocen el talento.
Bromas aparte, lo cierto es que al no conjugar el “nosotros”, nos perdemos lo colectivo. El pensar qué clase de país queremos, dentro de una idea realmente abarcadora.

Y no, como lo hacen desde hace años nuestros políticos que, cuando piensan en todos, hablan de “incluir” a los que están fuera de su partido, de prepo y sin autocrítica. Porque ese tipo de “inclusión”, es como poner del lado de afuera en los colectivos un apoya pie de 7 metros y un montón de pasamanos, para que todo puedan subir. Sería fenómeno, los colectivos andarían con 15 tipos colgados de cada lado, con la jeta pegada a la carrocería y el INDEC diría que se acabaron los excluidos del transporte, todo el mundo puede viajar. Como el tujes, jugándose la vida, con los que “te jedi” en la garganta, pero arriba del “bondi”. Entretanto el resto, ensimismado como está y con el culo en el asiento, afirmará que lo del INDEC es cierto. Desde adentro y sin decir “nosotros”, lo que le pasa a los otros es problema de ellos.

Sin embargo uno siente que esta atomización, este individualismo, es como jugar al “María la paz, un paso adelante y dos pasos atrás”.

En cuanto llegue el día en que no tengamos para el remis, o lleguemos tarde a la parada, nos encontraremos parados sobre ese apoya pie, agarrados de los pasamanos y con la cara pegada al “ploteo” de la publicidad de la carrocería.

Ese día, mientras nuestra mejilla se apoya sobre la teta en dos dimensiones de la modelo de la “publi” del “bondi”, puede que nos encuentre diciendo, “no puede ser que nosotros vivamos así”. Después, cuando los bomberos terminen de juntar nuestros pedazos tras morir aplastados por otro colectivo que cerró al nuestro, nuestros familiares dirán, “la culpa es de esos colectiveros, son unos animales”.

En una de esas, va siendo hora de dejar de mirar nuestro propio ombligo, para mirar ese otro más grande, el de todos nosotros. Bah, lo dice uno que no es yo, es parte del nosotros.

Acerca de Oscar Posedente 4565 Articles
Periodista, locutor, actor y editor de Semanario Argentino y de Radio A de Miami. Director de Diario Sur Digital.

Sea el primero en comentar

Deje su respuesta

Tu dirección de correo no será publicada.


*