La diferencia entre sentir compasión y lástima

En el lenguaje cotidiano, para muchas personas el sentimiento de compasión y lástima es lo mismo; y es importante distinguirlos. La compasión conforma una de las virtudes más elevadas de los seres humanos, que se manifiesta comprendiendo y compartiendo el sufrimiento de otro ser.

Así, mucho más que la empatía, la compasión es un estado mayor de percepción acerca de la comprensión de cuánto sufre el otro; y la acción que esto conlleva: el deseo de reducir, aliviar o ayudar a eliminar ese motivo de dolor. La lástima se queda en una mera apreciación; es un sentimiento pasivo. En cambio, la compasión se distingue por ser un sentimiento activo de cercanía y sincera conexión con el que sufre. En la magnífica obra de Rimpoche, “El Libro Tibetano de la Vida y de la Muerte” hay una frase que explica mejor este concepto: “Si miras el sufrimiento ajeno desde el miedo, eso es lástima. Si miras el sufrimiento ajeno desde el amor, eso es compasión”.
El miedo y la lástima

Es frecuente que cuando ves una situación dolorosa en otro, la primera tendencia es a la de sentir lástima. Sucede que la lástima es una acción directa del miedo que nos produce el hecho de no saber cómo abordar lo que estamos presenciando u observando. Por eso, desde la lástima, no se promueve un cambio activo de la situación en sí; generalmente se la observa a distancia, sin acercarse ni acompañar “poniéndole el cuerpo y el alma”. Apenas, la mente y cierta sensación de emoción.

El amor y la compasión
Cuando eliges conectar con el ser sufriente desde el amor, te acercas desde la compasión. Incluso cuando alguien se nos acerca desde este lugar lo sentimos honesto, como un abrazo cálido y reconfortante, incluso sin palabras. Incluso cuando por una cuestión profesional necesitas tomar distancia del sufrimiento ajeno para poder ayudar a una persona, como en el caso de los que trabajan en temas de la salud, o de asistencia social -por ejemplo-, una dosis de compasión ayuda a la cercanía y a tender puentes, en vez de cerrar compuertas. Por eso que muchos profesionales eligen cerrarse ante el sufrimiento, y las relaciones pasan a ser en muchos casos impersonales o por obligación. Hay situaciones en que es lo mejor para que puedas entregar un nivel óptimo de tu atención y conocimientos, desapegándote a las emociones que podrían generarse. Aunque aún en los ámbitos mencionados hay excepciones, como esa enfermera amorosa y cercana que reconforta con su sola presencia; o aquellos que hacen del cuidar a otros, una destreza extraordinaria.

Compasión por nosotros mismos En el caso de la auto compasión, muchas personas la confunden con victimización. Hay situaciones en que necesitas ser compasivo con tu sufrimiento, tratarte amorosamente aún en ese momento de quiebre personal, y atravesar lo que sientes de la mejor forma para convertirlo en experiencia de valor.

Así, la compasión se convierte en empatía puesta en acción, por cuanto asumes la oportunidad de conectar mejor con el otro, ayudar en sus necesidades en lo que esté a tu alcance y el otro lo permita; y también contigo, por ejemplo cuando conviertes eso que te hace sufrir en un aprendizaje como parte del proceso de vida. En este caso, le pones pasión, entendida como la energía necesaria para cambiar la percepción lo mejor posible sobre lo que está viviendo el otro, o lo que tú mismo atraviesas. Se trata de hacerlo “com-pasión”, legítimo acto de entrega auténtica, para ayudar a recomponer-nos de lo que se presenta como sufrimiento.

¿Es necesario sufrir con el otro?
Dependiendo desde dónde conectes con lo que está presente, el sentimiento de compasión no necesariamente implica que vivas tu en carne propia lo mismo por lo que pasa el otro. En muchos casos es posible que salgas arrastrado y no puedas ayudar a la otra persona. En el caso de la auto compasión, es la alternativa que tienes: necesitas vivirlo a pleno para atravesarlo como parte del proceso.
Entonces, a veces ¿por qué te parece que sufres tanto tú como el otro? Generalmente sucede cuando tienes la tendencia a querer dirigir al otro en cuanto a sus emociones y sentimientos. Quieres controlarlo, y esto produce dolor, ya que la persona puede estar en un momento de máxima sensibilidad.
Lo ideal es escuchar, acompañar y estar presente, sin demasiadas participaciones tuyas más que la del amor incondicional. Puedes proyectar buenas intenciones, orar, extender un manto de luz, traer un mayor nivel de consciencia, o lo que consideres que -sin vulnerar el espacio del otro- aportaría para mitigar el sufrimiento.
Y exactamente lo mismo funciona contigo, internamente, cuando estás trabajando en tu auto compasión.
Daniel Colombo
Master Coach especializado en CEOs, alta gerencia, profesionales y equipos de trabajo; comunicador profesional; conferencista internacional; autor de 21 libros. www.danielcolombo.com
www.facebook.com/DanielColomboComunidad
Twitter @danielcolombopr
Instagram: daniel.colombo
YouTube.com http://www.youtube.com/c/DanielColomboComunidad Linkedin: https://ar.linkedin.com/in/danielcolombo

Acerca de Oscar Posedente 4301 Articles
Periodista, locutor, actor y editor de Semanario Argentino y de Radio A de Miami. Director de Diario Sur Digital.

Sea el primero en comentar

Deje su respuesta

Tu dirección de correo no será publicada.


*