La revista TIME revela cómo fue la trama para robarle la reelección a Donald Trump

En un artículo escrito por la corresponsal Molly Ball, la más alta autoridad en la revista TIME, el diario ultra-demócrata admitió una compleja trama de conspiración entre los grupos radicales de extrema izquierda como Antifa, las autoridades del Partido Demócrata y un grupo selecto de empresarios de Wall Street, para derrotar por medios espurios al entonces Presidente Trump.

El resultado estuvo a la vista desde el mismo 3 de noviembre. Esa noche el Presidente Trump se iba a dormir con la reelección casi en el bolsillo, con amplios márgenes en todos los Estados más importantes, incluso algunos que había perdido en 2016. Al despertarse a la mañana siguiente, una cantidad absurda y estadísticamente imposible de votos por correo habían ido para Biden y el candidato demócrata había quedado por encima suyo por solo algunos miles de votos.

Ahora, con la elección en el pasado y los demócratas ansiosos de contar todo lo que hicieron para poner a Joe Biden en la Casa Blanca, empiezan a relatar lo ocurrido.

Cientos de importantes líderes empresariales, muchos de los cuales habían respaldado la candidatura de Trump y apoyado sus políticas, le pidieron que cediera la elección. Para el presidente, algo andaba mal. ‘Todo fue muy, muy extraño’, dijo Trump el 2 de diciembre. ‘A los pocos días de las elecciones, fuimos testigos de un esfuerzo orquestado para ungir al ganador, incluso cuando todavía se estaban contando muchos estados clave’. En cierto modo, Trump tenía razón“, admite el polémico artículo de la revista TIME.

Se estaba desarrollando una conspiración detrás de escena, una que redujo las protestas y coordinó la resistencia de los directores ejecutivos. Ambas sorpresas fueron el resultado de una alianza informal entre activistas de izquierda y titanes empresariales. El pacto se formalizó en una declaración conjunta concisa y poco notoria de la Cámara de Comercio de Estados Unidos y la AFL-CIO, publicada el día de las elecciones“, explica la periodista demócrata. 

Y agrega: “Ambas partes llegarían a verlo como una especie de negociación implícita, inspirada por las masivas, a veces destructivas protestas por la justicia racial del verano, en la que las fuerzas laborales se unieron con las fuerzas del capital para mantener la paz y oponerse al asalto de Trump a la democracia“.

El artículo da enormes pasos para justificar este “fraude patriótico“, y asegura que fue lo correcto porque en frente Trump tenía inclinaciones dictatoriales.

El núcleo de la maniobra contra Trump fueron los miles de trabajadores electorales que pusieron las autoridades demócratas en los centros de cómputos. Como la evidencia probó, estas personas fueron fundamentales en descartar miles de boletas con el voto a Trump mientras traían valijas llenas de votos por correo para Biden.

Así lo explica la nota de la TIME: “Su trabajo tocó todos los aspectos de la elección. Consiguieron que los Estados cambiaran los sistemas de votación y las leyes y ayudaron a asegurar cientos de millones en fondos públicos y privados. Se defendieron de las demandas por supresión de votantes, reclutaron ejércitos de trabajadores electorales y consiguieron que millones de personas votaran por correo por primera vez

Luego, la pata empresarial dirigida por figuras como Michael BloombergLarry FinkTom SteyerDonald Sussman, entre otros, puso el dinero para presionar a las redes sociales para que censuren a los republicanos, a los gobernadores para que introduzcan el voto por correo (que terminaría siendo la herramienta del fraude) y se encargó de todos los cientos de miles de sueldos de los operadores políticos y trabajadores electorales.

Según la TIME: “Presionaron con éxito a las empresas de redes sociales para que adoptaran una línea más dura contra la desinformación y utilizaron estrategias basadas en datos para combatir las difamaciones virales. Ejecutaron campañas nacionales de concienciación pública que ayudaron a los estadounidenses a comprender cómo se desarrollaría el recuento de votos durante días o semanas, evitando que las teorías de conspiración de Trump y las falsas afirmaciones de victoria obtengan más tracción. Después del día de las elecciones, monitorearon cada punto de presión para asegurarse de que Trump no pudiera anular el resultado“.

Y la nota aclara que hubo múltiples republicanos involucrados en esta conspiración, los que Trump llamó “RINOs” (Republicanos Solo En Nombre). “Durante más de un año, una coalición de operativos poco organizada se apresuró a apuntalar las instituciones estadounidenses mientras eran atacadas simultáneamente por una pandemia implacable y un presidente inclinado a la autocracia. Aunque gran parte de esta actividad tuvo lugar en la izquierda, estuvo separada de la campaña de Biden y cruzó líneas ideológicas, con contribuciones cruciales de actores conservadores y no partidistasexplican.

La nota incluso da nombre y apellido de los conspiradores que idearon todo el plan y trajeron a bordo a los distintos grupos. Presenta pruebas de lo que dice y entrevista a los ideólogos, quienes con mucha honra admiten que “salvaron las elecciones del 2020”.

Esta es la historia interna de la conspiración para salvar las elecciones de 2020, basada en el acceso al funcionamiento interno del grupo, documentos nunca antes vistos y entrevistas con docenas de personas involucradas de todo el espectro político. Es la historia de una campaña creativa, decidida y sin precedentes cuyo éxito también revela lo cerca que estuvo la nación del desastre“.

Las figuras responsables del mayor fraude de la historia del país son, según la revista TIME:

  • Ian Bassin, co-fundador de Protect Democracy, un grupo de acción política que se encargó de ser el nexo entre la pata empresarial y partidaria;
  • Mike Podhorzer, director político de AFL-CIO, el sindicato más grande de trabajadores de Estados Unidos, que se encargó de unir la pata empresarial con la militancia de extrema izquierda;
  • Laura Quinn, co-fundadora de Catalist, un fact-checker que trabajó de cerca con Twitter, Facebook y Google para censurar miles de millones de publicaciones sobre el fraude electoral y los escándalos de la familia Biden;
  • Dick Gephardt, ex-diputado demócrata que sirvió de nexo entre todos estos grupos y las autoridades del Partido Demócrata;
  • Maurice Mitchell, director del Partido Nacional de las Familias, una agrupación que representa a distintas figuras de Black Lives Matter y otros extremistas de izquierda;
  • Amber McReynolds, CEO del Instituto “Voto en Casa”, un grupo de acción política que gastó millones en publicar propaganda destinada a convencer a la gente que vote por correo.
  • Neil Bradley, vicepresidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, quien ayudó a coordinar muchos de los pasos de este plan macabro.

Si bien el artículo no los nombra, a esta lista podemos agregar a los empresarios previamente mencionados como Bloomberg Steyer, quienes pusieron la plata para que todo funcione, y a dirigentes políticos locales como Stacey Abrams, quien fue fundamental para organizar el fraude en el Estado de Georgia.

También se revela una masiva campaña online que la revista TIME llama “de concientización electoral” pero no fue más que propaganda política descentralizada apuntada a crear un relato de que no había manera de que la elección pueda ser robada, y que las largas semanas para contar unos pocos miles de votos no eran señal de fraude.

El grupo de trabajo electoral de Protect Democracy emitió informes y celebró reuniones informativas con los medios de comunicación, lo que resultó en una cobertura generalizada de posibles problemas electorales y la verificación de los hechos falsos de Trump. Las encuestas de seguimiento de la organización encontraron que se estaba escuchando el mensaje: el porcentaje de público que no esperaba conocer al ganador en la noche de las elecciones aumentó gradualmente hasta que a fines de octubre superaba el 70%. La mayoría terminó creyendo que un recuento prolongado no era señal de problemas“.

Y agrega: “Voting Rights Lab y IntoAction crearon memes y gráficos específicos para cada Estado, difundidos por correo electrónico, texto, Twitter, Facebook, Instagram y TikTok, instando a que se cuente cada voto. Juntos, fueron vistos más de mil millones de veces.

Finalmente, el artículo explica por qué ahora estas personas desean salir a la luz: “Los involucrados quieren que se cuente la historia secreta de las elecciones de 2020, aunque suene como un sueño febril paranoico: una camarilla bien financiada de personas poderosas, que abarcan industrias e ideologías, que trabajan juntas detrás de escena para influir en las percepciones y cambiar las reglas y las leyes, dirigen la cobertura de los medios y controlan el flujo de información

Según TIME: “No estaban manipulando las elecciones; las estaban fortaleciendo. Y creen que el público debe comprender la fragilidad del sistema para garantizar que la democracia en Estados Unidos perdure“.

Acerca de Oscar Posedente 10289 Articles
Periodista, locutor, actor y editor de Semanario Argentino y de Radio A de Miami. Director de Diario Sur Digital.