Xi Jinping eterno:  el dirigente chino más poderoso desde Mao tse Tung

El presidente será reelecto en el cargo por otros 5 años. Logró disciplinar al Partido Comunista en torno a su figura y busca profundizar su estrategia geopolítica para crear la “nueva China”.

Xi Jinping eterno. Xi Jinping tiene todo el poder. A los 69 años lleva una década al comando de China y disfruta de un horizonte político despejado que lo invita a eternizarse en la presidencia. Es hoy el dirigente más fuerte de la China moderna desde Mao Tse Tung.

El 20° Congreso del Partido Comunista, que concluye este fin de semana, se apresta a otorgarle un tercer mandato de 5 años, algo que no sucedía desde los tiempos del fundador y padre de la República Popular.

 “No tiene el peso histórico de Mao, pero ha logrado superar los obstáculos limitantes dentro del partido. Hoy tiene una mayor cuota de poder y más capacidad de conducción que otros dirigentes que lo antecedieron en el cargo”, dijo el analista especializado en China, Sergio Cesarin, docente de la Universidad de Tres de Febrero e investigador del Conicet.

Xi Jinping eterno:  el dirigente chino más poderoso desde Mao tse Tung

En ese marco, Xi logró unir al partido en torno a su figura. Lo hizo a base de una política de disciplinamiento interno que incluyó la depuración de opositores y con gravísimas denuncias lanzadas por la ONU de perpetrar “crímenes contra la humanidad” contra la minoría uigur. En el frente externo, Xi lidera un enfrentamiento cada vez más palpable con Washington no solo en materia comercial y económica, sino también geopolítica con un alineamiento explícito con Rusia en la guerra en Ucrania.

Xi Jinping, el hombre fuerte de la nueva China

Xi tuvo una infancia privilegiada. Es hijo de un importante comandante de la guerra civil que llevó al poder a Mao Tse Tung en 1949. Su padre, Xi Zhongxun, se desempeñó como viceprimer ministro en el gobierno surgido tras la derrota de los nacionalistas del Kuomintang, pero fue encarcelado durante la Revolución Cultural (1966-76), un movimiento sociopolítico que depuró al país y al partido de “elementos capitalistas” enquistados en la sociedad.

Entonces Xi tenía 15 años. En plena adolescencia fue enviado a trabajar al campo en una zona pauperizada de la provincia de Shaanxi, noroeste del país. En ese 1969 el hoy hombre fuerte de China vivió en un cobertizo construido en un acantilado, un eufemismo para denominar a una simple cueva.

 “Xi ha podido vivir la miseria muy directamente. Fue enviado a una zona rural muy pobre. En aquellos años modeló su carácter y su visión sobre los campesinos y los más pobres”, explicó Cesarin.

Xi Jinping eterno:  el dirigente chino más poderoso desde Mao tse Tung

Pasó 6 años en el campo, hasta que recibió una beca para estudiar en la Universidad Tsinghua en Beijing. Allí se recibió de ingeniero químico y obtuvo además un doctorado en teoría marxista y en educación ideológica y política en la Escuela de Humanidades y Ciencias Sociales.

Su afiliación al Partido Comunista data de 1974. Tras deambular como funcionario en distintas zonas costeras, Xi fue designado en 1999 gobernador de la provincia de Fujian, sudeste del país. Un año después fue nombrado líder del partido en la vecina provincia de Zhejiang. Allí permaneció 4 años. Su vertiginoso ascenso se completó en 2007 cuando asumió como secretario del PC en la ciudad de Shanghai, la más grande del país y uno de los centros financieros mundiales que había sido sacudida por un escándalo de corrupción.“Se destacó por ser un gran organizador”, resumió Cesarin.

Por entonces, Xi ya se había ganado una fuerte reputación en el combate contra la corrupción, un flagelo muy arraigado en las altas estructuras del poder. Ese mismo año entró en el juego fuerte de la política nacional al acceder al Comité Permanente del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista y al Secretariado del Comité Central. En 2008 fue elegido vicepresidente y cinco años después, el 14 de Marzo de 2013, asumió la presidencia del país.

“Cuando llega al poder percibe un gran proceso de corrupción interna. Había casos muy fuertes entre cuadros y funcionarios. Entonces bajó una línea muy rígida y vertical en términos de control y eliminación de circuitos de corrupción. Comenzó una fenomenal campaña contra la corrupción que sigue vigente y generó grandes críticas porque combatió tanto a corruptos como a opositores”, señaló el analista.

Su influencia desde entonces ha ido creciendo a pasos agigantados. En su administración dejó de lado el colectivismo que había rodeado las anteriores presidencias por un fuerte liderazgo individualista. Hoy tiene el absoluto control de los asuntos militares y económicos. Su pensamiento fue incluido en la constitución del propio partido. Allí se trazan los objetivos de su trabajo, en especial alcanzar para China una posición de liderazgo a nivel mundial.

“Tiene una profunda visión nacionalista que busca restaurar el gran sueño de una China superpoderosa a mediados del siglo XXI. En su gestión se ha expandido el gasto militar con una fuerte reivindicación soberana en el Mar del Sur y la dura posición adoptada con Taiwán”, a la que Beijing considera una provincia rebelde, dijo Cesarín. En su visión internacional ve a Estados Unidos como su rival, lo que hizo aumentar la tensión entre ambos países en los últimos años.

“Xi ha sabido imponer un fuerte espíritu de cohesión y disciplina interna, en un contexto siempre dominado por la puja entre facciones. Es un líder político que abrió las puertas a medidas draconianas y a la consolidación del poder, disciplinando a las distintas facciones, sobre todo con métodos coercitivos. La extensión de su mandato (por otros cinco años) es una concesión que logra por el acuerdo entre esas mismas facciones. Logró reunir a todos los grupos internos en torno a su figura”, afirmó Cesarin.

En el plano internacional, Xi enfrenta algunos nubarrones. Con un fuerte alineamiento con Rusia en la guerra en Ucrania y su enfrentamiento cada vez más pronunciado con Washington, el gobierno chino recibió una fuerte condena de la ONU en un informe que denuncia “crímenes contra la humanidad” cometidos sobre la minoría uigur en la región de mayoría musulmana del Xinjiang.

Pero nada lo detiene: bajo su mando, Beijing se ha convertido en el mayor prestamista mundial en el marco del ambicioso proyecto bautizado nueva “Ruta de la Seda”. Se trata de un megaproyecto que estimula el comercio y la extensión de la influencia global china a través de una ambiciosa red de infraestructuras repartida por los cinco continentes.

El 20° Congreso del Partido Comunista reelegirá a Xi en la presidencia por otros cinco años. Para Cesarin, este respaldo reafirma su rol central en la política china. “Ahora habrá que ver si en los próximos años surge un líder de reemplazo en la nueva generación de dirigentes que hoy tienen menos de 60 años”, reseñó.

Hacia adelante, Xi debe afrontar una ralentización de la economía como consecuencia de las duras restricciones impuestas durante la pandemia de coronavirus y que aún siguen vigentes. De hecho, el gobierno postergó esta semana la publicación de sus índices económicos sin ninguna explicación, en medio de vaticinios de analistas sobre la imposibilidad de cumplir la meta de 5,5% de crecimiento para este año.(TN)

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