Alberto y Cristina deberían renunciar antes de que el daño sea mayor

Por Pablo Dócimo

Supongamos que usted contrata a un albañil para que le construya una pared. Entonces, usted compra los materiales necesarios y el albañil en cuestión comienza su trabajo. Pero resulta ser que, a poco de comenzar, usted ve que la pared se está construyendo torcida. Al ver esto, usted advierte al albañil del error, pero éste le responde: No, quédese tranquilo, va a ver que cuando termine va a quedar bien.

El buen señor sigue construyendo la pared, pero cuanto más construye más evidente es que la pared está torcida; incluso, además de torcida está fuera de nivel.

Una vez más usted advierte al albañil del grosero error y recibe como respuesta, nuevamente, «quédese tranquilo, va a ver que cuando termine va a quedar bien», cuando claramente es muy notorio que el hombre no tiene idea de lo que está haciendo.

Y la pregunta es: Al darse cuenta de que contrató a una persona que no tiene idea de lo que tiene que hacer, usted, ¿deja que el albañil finalice el trabajo sabiendo, incluso, que cuanto más construya peor quedará la pared o le dice que no siga más, teniendo en cuenta que si sigue construyendo de esa manera -muy mal- todo va a ser peor, puesto que deberá comprar nuevamente los materiales, deberá destruir lo mal construido hasta ese momento y, obviamente, perderá mucho más tiempo del esperado?

Eso mismo está ocurriendo con el gobierno de Cristina, con el agravante que muchos, incluso muchos de los que la votaron, sabían que estaban eligiendo a una incapaz, además de ser la jefa de la banda de delincuentes más grande de la historia universal.

Explicaremos, entonces, porque este gobierno debería renunciar lo antes posible para que el daño no sea aún mayor.

Primero lo primero: ¿Quién es el gobierno?

En primer lugar, cuando decimos que el gobierno debería renunciar tenemos que poner blanco sobre negro quien es «el gobierno», aunque la inmensa mayoría sepa que quien realmente gobierna es Cristina.

Ni el más albertista de los albertistas pensó, en algún momento, que Alberto iba a gobernar según sus ideas, intenciones o criterios. Nadie en su sano juicio podría pensar que Alberto ganó la elección porque lo votaron a él. Todos sabemos que los votos son de Cristina, que fue, además, quien lo puso en ese lugar.

Entonces, quienes deberían renunciar son, como mínimo, Cristina y Alberto, seguidos por absolutamente todo el gabinete completo.

Un gobierno que fracasó antes de comenzar

Si. El tercer gobierno de cristina fracasó antes de comenzar. ¿Por qué? Es muy simple, por la sencilla razón que todos conocemos: todos sabíamos que iban a volver a cometer los mismos errores que cometieron durante los tres gobiernos K anteriores.

El último gobierno de Cristina se caracterizó por el cepo al dólar, el déficit sical, inflación del 40%, crecimiento de la pobreza, crecimiento de desocupados disfrazados con planes sociales, subsidios a lo que se le ocurra y, fundamentalmente, dejando las reservas del Banco Central en rojo y la peor crisis energética de la historia.

En realidad, la lista es mucho más larga, en la que podríamos incluir la persecución a la Justicia y a la prensa y los negociados de los «Derechos Humanos», sin olvidarnos del robo más grande la historia universal, que no es poco.

Pero hay otra cuestión, tan importante como las anteriores, y es que este gobierno no fue ideado para gobernar, sino para dos cosas fundamentales para Cristina y sus cómplices. La primera es solucionarle a ella y sus hijos sus problemas con la justicia. La segunda, la venganza, venganza que incluye a quienes no los votamos.

Defender todo lo que está mal

Otra de las características del kirchnerismo fue -y sigue siendo- apoyar y defender todo lo que está mal.

El más claro ejemplo es el de no solo defender a ex terroristas de Montoneros y del ERP sino, además, darles cargos en lo que se le ocurra. ¿O acaso Nilda Garré (la misma que dijo no tener idea de lo que es un FAL, solo por citar un caso) fue designada Ministra de Defensa por sus conocimientos en materia militar?

Pero la defensa de lo indefendible va más allá, y de pronto nos encontramos siendo aliados con países como Cuba, Venezuela o Irán. Incluso, hasta llegaron a defender a las FARC.

Hoy, se defienden las tomas de tierras, especialmente las que toman en la Patagonia supuestos aborígenes.

Se defienden más los derechos de los delincuentes que los de los ciudadanos comunes, y se defiende a sindicalistas mafiosos y corruptos, empezando por Hugo Moyano.

Incluso, crearon una agrupación llamada “Vatayón Militante”, que organizaba, entre otras cosas, salidas transitorias de presos para celebrar actos partidarios.

La culpa es siempre de los demás

Como buen gobierno populista, el de Cristina y Alberto no podía dejar inventar enemigos y echarles la culpa a ellos de lo que hacen mal, ya sea por impericia, ignorancia o ambas cosas.

De hecho, son tan incapaces que eligieron como uno de sus principales enemigos, otra vez, al sector agropecuario, cuando es éste, precisamente, el primer generador de divisas a través de las exportaciones.

La lista de enemigos sigue, y encontramos, cuando no, al periodismo independiente, a los empresarios y a la justicia, a la justicia que no les conviene, claro.

Hablando de Justicia…

El punto más importante en la agenda de cristina es la reforma judicial. Ahora bien, ¿es necesario reformar la justicia? Si, claro que es necesario. Es inconcebible, por ejemplo, que un juicio por desalojo o el tipo de litigio que a usted se le ocurra dure años, pero resulta ser que el gobierno no está abocado en modificar esa justicia, sino la que a ellos les incumbe, y para ellos, reformar la justicia significa, lisa y llanamente, eliminar a jueces y fiscales que no los favorezcan por jueces y fiscales militantes, como en cualquier dictadura que se precie de tal. Justicia legítima es un claro ejemplo de ello.

Una agenda insólita

Otra característica del kirchnerismo es la de imponer, siempre, su agenda política. El problema es que esta agenda responde, de manera sistemática, no a los intereses de la ciudadanía o la nación, sino a los suyos.

Una de las primeras inquietudes de este tercer mandato de Cristina fue el de crear la «Mesa contra el hambre», y aquí vemos, una vez más, que un botón sobra de muestra para comprobar lo inútiles y populistas que son.

En este punto en particular debemos decir dos cosas: La primera es que la «mesa del hambre» no fue más que una puesta en escena para decir que el pueblo argentino estaba pasando hambre solo por obra y gracia de la administración anterior.

Lo segundo. ¿Es necesario crear una especie de comisión de supuestos «eruditos» (que en realidad eran un rejuntado de caras conocidas) para combatir, supuestamente, el hambre?

No, claro que no, porque si se quisiera combatir realmente el hambre, se deberían tomar medidas concretas, como por ejemplo crear fuentes reales de trabajo, incentivar a la producción y la inversión y, fundamentalmente, realizar una reforma impositiva estructural, cosa que no solo no están haciendo ni lo van a hacer, sino que hicieron, y siguen haciendo, todo lo contrario.

Pero volviendo a la agenda del gobierno, veamos cuales son hoy los puntos en los que están abocados.

1- Modificación de las retenciones agropecuarias, pensando que con eso van a llegar los dólares que se escapan por millones del Banco Central a diario.

2- Venezuela. Mientras en la OEA el embajador argentino, Carlos Raimundi, se despachó defendiendo y justificando la dictadura de Nicolás Maduro, el Gobierno tuvo que salir a apoyar los informes elaborados por la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, sobre la situación en Venezuela. Un claro ejemplo de que en realidad no tienen idea de dónde están parados o, por lo menos, que rumbo tonar, si el que les indica su ideología o muy por el contrario aplicar el sentido común y condenar a la dictadura chavista.

3- Si bien ya hemos hablado del interés del kirchnerismo sobre la reforma judicial, algunos de los peones de la «Reina Cristina» van más allá.

La diputada del Frente de Todos, Vanesa Siley, presentó un proyecto para promover el juicio político contra el presidente de la Corte Suprema, Carlos Fernando Rosenkrantz. .

En el texto del proyecto de resolución 5039-D-2020, el oficialismo pide investigar a Rosenkrantz “por mal desempeño y eventuales delitos en el ejercicio de sus funciones, de conformidad con lo que dispone el artículo 53 y concordantes de la Constitución Nacional”, argumentando que “Rosenkrantz obstruye el pleno ejercicio de los derechos y garantías constitucionales. Sus compromisos políticos y económicos con corporaciones y personas vinculadas a la responsabilidad civil en la última dictadura militar están frenando el tratamiento de causas”.

Pero el diputado nacional Leopoldo Moreau (Frente de Todos), alguien íntimamente cercano a Cristina Kirchner, subió la apuesta, y en diálogo con Radio Con Vos arremetió contra todos los integrantes de la Corte Suprema de Justicia, criticando con dureza al resto de los jueces de la Corte.

Según Moreau, la actual conformación de la Corte Suprema «está agotada». «Yo creo que el juicio político lo que plantea es un escenario de discusión. Esta es una Corte agotada, que juega al truco, más que apoyarse en decisiones jurisprudenciales», enfatizó el diputado oficialista.

Estos son los problemas que, en medio de una crisis económica, social y principalmente sanitaria, hoy preocupan al gobierno.

La cuarentena más larga e ineficiente del mundo

Al comienzo de la pandemia, hemos señalado en este mismo espacio que lamentablemente iban a quedar al descubierto todas las falencias de nuestro precario sistema sanitario, pero que también era esta una oportunidad para que el gobierno haga las cosas realmente bien.

Sin embargo, hicieron todo mal. Despilfarraron recursos, destruyeron la economía, seguimos en cuarentena después de más de 200 días y las cantidades de infectados y fallecidos por Covid-19 es de las más altas del mundo.

Ejemplo: Los viajes de Aerolíneas Argentina a China para traer insumos de dudosa calidad a un precio exorbitante, por el solo hecho de ceder a los dirigentes sindicales aeronáuticos para realizar esos fletes y cobrar fortunas, además de hacer propaganda política, al fiel estilo nazi-fascista.

Mientras tanto, durante la cuarentena se sumaron, según el Boletín Oficial, más de 20.000 empleados públicos.

De Vicentín al banco Credicoop

Siguiendo con las características del kirchnerismo, aunque en realidad podríamos decir sin temor a equivocarnos del peronismo en general, ellos siempre gobernaron para los que los votaron y castigaron a quienes no los votaron.

Los subsidios indiscriminados, los planes sociales y el clientelismo hablan, en ese sentido, por sí solos. Pero existen dos ejemplos claros y contundentes: El intento de expropiación de la empresa Vicentín, que iba a ser el primero de una larga lista -incluyendo especialmente a los medios de comunicación- y tuvo que ser frenado por la reacción ciudadana y un nuevo impuesto (otro más) a las grandes fortunas, que solapadamente incluiría a cientos de miles de personas.

En respuesta a ello, los productores agropecuarios comenzaron una fuerte campaña invitando a quienes tenían cuenta en el banco del diputado Carlos Heller, dueño del Banco Credicoop (si, leyó bien, Heller es el dueño encubierto del banco Credicoop) a retirar sus cuentas de su institución.

Estos dos hechos no solo demuestran el grado de desorientación, falta de tacto e inoperancia del Instituto Patria, usina donde se generaron estas y otras «brillantes ideas para reactivar la economía», sino que además exponen el desprecio que tienen sobre la propiedad privada pasando por encima a la justicia como con la expropiación de Vicentín, y haciendo todo al revés de lo que indica el sentido común como poniendo un nuevo impuesto.

Es la economía, estúpido

En política, lamentablemente, nada se soluciona con buenas intenciones. Muy por el contrario, todo, absolutamente todo, se soluciona con plata.

Ahora bien… la economía argentina arroja hoy indicadores de lo que se le ocurra muy por debajo que en 2001/2002. Además, la emisión monetaria es récord, al igual que la brecha entre el dólar oficial y el blue.

De no tomarse medidas realmente concretas, acertadas y efectivas, todo nos está indicando que terminaremos en un cóctel diabólico en el que se juntarán la hiper inflación que vivimos durante el gobierno de Alfonsín y en parte del gobierno de Menem más la recesión, el caos y descontrol que sufrimos en diciembre de 2001. Claro que debemos de tener en cuenta que en la crisis de 2001 el peronismo era oposición, y los saqueos y el derrocamiento de De La Rúa fueron perpetrados y ejecutados por ellos mismos, que hoy están en el poder.

¿Y qué medidas está tomando el gobierno para reactivar la economía? Ninguna. Es más, están insistiendo con hacer más de lo mismo, con medidas que ya demostraron claramente que nos condenan al fracaso.

A las pruebas me remito. No es ningún secreto que para revertir diametralmente la situación económica argentina se deben de tomar, por lo menos, dos medidas claves.

La primera es reducir el déficit fiscal que genera el enorme gasto público. La segunda es una sustancial rebaja en cantidad y tipo de impuestos. Dicho de otra manera, tanto el gasto público y el perverso sistema impositivo son, precisamente, los dos principales males que venimos padeciendo desde hace décadas.

Claramente, hay dos cosas por hacer. Una sería bajar drásticamente el gasto público para no tener déficit fiscal. La otra sería generar más ingresos. Lamento decirle, estimado lector, que de ninguna manera este gobierno está dispuesto a hacer ninguna de esas dos cosas. De hecho, el mismísimo Ministro de Economía, Martín Guzmán, en una entrevista realizada por el periodista Antonio Laje dijo, textualmente: “¿Por qué tiene que bajar el gasto público? No es eso a lo que apuntamos”, y como ya hemos visto, tampoco van a bajar impuestos, o sea que pretenden aumentar la recaudación aumentándolos, lo que se traduce en más pobreza, más deterioro del poder adquisitivo, más recesión.

Un gobierno sin identidad

Por un lado, el Ministro de seguridad de la provincia de Buenos Aires dice que hay que desalojar tierras usurpadas, pero el gobernador dice otra cosa.

El mismo Ministro de Seguridad quiere que las fuerzas de seguridad utilicen las pistolas «taser», pero los mismos kirchneristas, que por lo general defienden a los delincuentes, están en contra.

El Embajador en la OEA defiende el régimen de Maduro en Venezuela, pero después tienen que salir a decir lo contrario.

El Director del Banco Central dice que hay que profundizar el cepo al dólar, pero el Ministro de Economía piensa que es un error.

Sin embargo, lo más contradictorio es lo que dice y hace Alberto, que no para de aparecer en actos públicos rememorando viejas épocas de gobiernos K, diciendo que va a poner al país de pie, que va a reactivar la economía, y que su principal preocupación es la salud y el bien estar de los argentinos, cuando en la práctica hace todo lo contrario.

¿Como creerle a alguien que durante años fue el crítico más tenaz de Cristina? ¿Como creerle a alguien que durante años dijo que el gobierno de cristina fue de lo peor? ¿Como creerle a alguien que dijo que los únicos responsables de los desastres cometidos con Aerolíneas, YPF y el cepo al dólar fueron Cristina y Axel Kicillof?

Lo triste, o gracioso, dependiendo de cómo se lo mire, es que cuando Alberto criticaba a Cristina y a toda su gestión tenía razón. En honor a la verdad, dijo cosas irrefutables, tan irrefutables que ni si quiera él mismo podría contradecir todo lo que dijo y está registrado en decenas de archivos que circulan por las redes sociales.

Todos sabemos, ya desde antes de asumir, que quien gobernaría sería Cristina y no Alberto, que Alberto es para Cristina lo que ella era para Néstor, pero lo que no sabemos es quien es verdaderamente Alberto Fernández.

Porque tienen que renunciar

Hemos citado, hasta aquí, hechos reales y concretos extraídos de la realidad. Volviendo al principio, si usted no cree que deberíamos aplicar el mismo criterio que aplicaríamos con el albañil que construye una pared torcida para evitar que el daño sea mayor, lo voy a explicar de otra manera, con otro ejemplo, pero real.

En diciembre de 2001 el peronismo hizo todo lo posible para derrocar al gobierno de La Rúa.

Dentro de esos peronistas estaba la entonces senadora Cristina Fernández de Kirchner quien reconoció públicamente que ante las evidencias, «la revocatoria popular fue tan fuerte que lo que se necesitaba era una traducción institucional».

Cuando renunció De La Rúa ningún peronista salió a rasgarse las vestiduras defendiendo el sistema democrático, pidiendo que se respeten los cuatro años para los que había sido electo. En realidad, los peronistas, lo que hicieron fue darle el último empujón cuando estaba al borde del precipicio al que ellos mismos ayudaron a llevarlo con empeño, más allá de sus propios errores e incapacidad.

Por lo tanto, si en diciembre de 2001 el pueblo pidió que un presidente renuncie, ¿por qué no podemos hacerlo ahora, cuando además la situación es mucho peor que la de ese entonces y, lo que es peor, el futuro que se avecina no es nada promisorio?

No tenemos reservas, no hay inversiones, y menos extrangeras. tampoco tenemos crédito, y el dólar sigue batiendo récords. Mientras tanto, siguen haciendo todo exactamente al revés, pero de una manera tan burda inentendible e inexplicable que parecería que están haciendo las cosas tan mal a propósito.

Todo esto nos llevará a un desenlace trágico, porque una vez más, el recurso para generar ingresos es la emisión monetaria.

Por todo esto, y más, lo mejor que nos podría pasar es que renuncien lo antes posible, antes de que el daño sea mayor del que ya han hecho.

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