El mejor Messi de todos no es un eslogan

El mejor Messi de la historia no es un eslogan: el crack rosarino conserva el nivel Barcelona-de-Pep, y a eso le suma madurez, voracidad competitiva cuando se viste con la camiseta de la Selección argentina, y una nueva forma de liderazgo. La historia de una mutación que se gestó en Río de Janeiro

El mejor Messi de todos no es un eslogan. El mejor Messi de la historia conserva el nivel Barcelona-de-Pep, y a eso le suma madurez, voracidad competitiva cuando se viste con la camiseta de la Selección argentina, y una nueva forma de liderazgo, la que le exigía la mitad de la cátedra, un Che que se planta ante los gigantes con Topo Gigio incluido. La mejor versión de Messi no se limita al “qué mirás, bobo”; se trata de hacerse cargo de su lugar en el mundo sin pudores, “desnudo”, como dicen hoy más chicos.

A Messi lo cuestionaban, en tiempo de subcampeonatos, en el mejor de lo casos, por algo que no tenía. Su tipo de liderazgo se vinculaba con la excelencia técnica. Lo que lo hacía icónico es lo que aún nos maravilla. ¿O acaso la asistencia a Nahuel Molina no es un rapto de inspiración nivel Beethoven? Pues sí, es una genialidad de ese calibre en clave futbolística y lo que el capitán no tenía hoy es su bandera. Levanta la voz, es disruptivo, desafiante cuando lo entiende oportuno y, sobre todas cosas, su juego sigue siendo una maravilla.

El mejor Messi de la historia nació cuando Messi se desplomó en el suelo del Maracaná. Exactamente en ese instante, durante el Antes-de-Messi y Después-de-Messi, desapareció la mochila. Lo que antes era un estigma, hoy es motor. Lo que perturbaba hoy inspira. El rosarino corre y se tira a los pies, mientras deleita con goles y pases gol. Luce rejuvenecido. Es la mejor versión que jamás hayamos presenciado y no parece haber techo a la vista.

Louis Van Gaal, ahora ex seleccionador de Países Bajos, cometió un error de principiante: desafió públicamente a Messi, describiéndolo como un contrapeso cuando atacan a la Argentina. Ese horror conceptual, que cayó por el propio peso que implica ver al jugador en acción, sirvió además como zanahoria, como motivación. Los croatas no van a repetir ese error. Pero eso tampoco garantiza inmunidad. El Diez, “parece”, tiene una obsesión…

Cuando Messi piensa en voz alta y murmura que esta será “seguramente” será su última Copa del Mundo por una cuestión de edad omite que a esta edad está en su esplendor y el grupo de amigos que lo acompaña en el viaje no se la va a hacer tan fácil, mucho menos el entrenador que forjó este momento, su gran momento. Para el final de esta fábula, parece, falta un buen rato. Tiempo al tiempo.

Solo Messi sabe cuánto desea esta Copa, aunque la que levantó en Río valga un Mundial. Solo él sabe hasta dónde puede llegar. Mientras tanto, durante un streaming, en la cancha, en un vestuario, o hasta cuando juega con sus tres hijos, impone su liderazgo. El Messi definitivo es lo que querían que fuera, pero aún mejor, porque con la pelota en sus pies sigue siendo imparable, y cuando la tiene el rival corre como un chico. Lo entendió Louis Van Gaal cuando conoció al Topo Gigio. Y a la camita, a la camita, amiguitos.(TN)

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