Sublevación: Postales de la asunción de Javier Milei

Javier Milei el día de su toma de posesión como presidente de Argentina NACHO SÁNCHEZ - TÉLAM 10/12/2023

Por Fernando Quiroga / @fernandoquirogaok

No es únicamente el cambio de paradigma político para la Argentina; es un proceso revolucionario que acaba de comenzar.

En verdad, con el corazón en la mano, con la honestidad brutal de decir las cosas cara a cara en el entronizado sur del mundo, nadie lo vio venir.

Ni siquiera cuando la consagrada y triste versión del peronismo de izquierda comenzó a caminar por la explanada de la muerte.Comenzamos a atribuirle (hagan memoria casi un año atrás) la victoria potencial a la extasiada versión del PRO que se reorganizaba:Bullrich, Rodríguez Larretae incluso Macri con su Segundo Tiempo; cada uno de ellos, salvando las diferencias internas y aceptaciones públicas, daba ese touch de esperanza republicana.

Javier Milei el día de su toma de posesión como presidente de Argentina NACHO SÁNCHEZ – TÉLAM

Pero no fueron ellos. Nadie lo vio venir.

Tampoco cuando los peronistas contemporáneos, eternos centinelas de la esperanza desvencijada, seguían con su lirica de lo imposible.Creíamos una vez más (tal vez por costumbre, tal vez por desaliento) que los no declarados comunistas, capitalizando el populismo rancio y desmedido del peronismo histórico: podían ganar nuevamente. La democracia tiene esa ironía transversal que iguala el sufragio entre el alto dignatario y el homeless, por eso es tan importante que prevalezca la educación por sobre las místicas de turno, siempre inauditas, siempre extremas.

Nadie lo vio venir al Hombre de Cabello Desordenado.

Ni las Señoras coquetas de Parque Patricios que, usualmente activaban las cacerolas, más por costumbre anti K que por hartazgo concreto. El estadista y nuevo referente argentino en el mundo, asombró hasta al mismo Robbie Williams, quien hace poco en un concierto en Australia, señalando a una fan con bandera albiceleste, exclamó: “Amo al nuevo presidente de Argentina, ¿lo Vieron?  Parece un auto que se inventó en Inglaterra en los 70, pero con pelo” afirmó con su acostumbrado humor edificante, deseando lo mejor para el país.

Y ese humor, esa expresión de deseo, como tantas, contrastan la realidad inmarcesible que sostiene eldesafío dantesco: caminar por el infierno para alcanzar el paraíso.

Argentina debe cruzar, quizás el peor ajuste de su historia contemporánea. Sin embargo, los humildes, los nadie (como humillantemente los llamaron alguna vez) millones de familias hincadas ante la pobreza producto del Kirchnerismo, acabaron de comprender, en su gran mayoría, que las posibilidades determinan el progreso, no la limosna.

El Hombre de Cabello Desordenado, con apariencia de primer ministro europeo, camina por la alfombra del destino. Es roja, no como la de los Academy Awards, sino como la del Palacio de Versalles en la Revolución Francesa. Habla con una sinceridad tajante, inequívoca, violenta, y tan real como el aire que respiramos.

Evoca (tal vez invoca) a Roca, a Sarmiento, y la historia se conmueve. Nuestros referentes históricos, suprimidos por el populismo, vuelven a la vida en sus palabras. Un país nuevo, también es un país que reconcilia su grandeza con el ayer resplandeciente.

Suena la Marcha Ituzaingó. La épica kirchnerista se disuelve en concreta esperanza. La claridad oprime al discurso berreta, la verdad, prevalece.El epitafio de estos tiempos apocalípticos que finalizan para Argentina es el rostro de piedra de Cristina Kirchner, escudriñando la nada.

El Estado Mayor se pone de pie. No para volver a los 70, como los idiotas aseguran; sino para celebrar con orgullo, la dignidad de un presidente de verdad.

El mundo se pone de pie. Volodimir Zelenski camina hacia el Hombre de Cabello Desordenado, lo mira los ojos y encuentra respuesta. Jair Bolsonaro abraza compatriotas en Buenos Aires, los lideres del mundo, con seño fruncido reciben el mensaje. Pueden quererlo o no, pero todos respetan al Hombre de Cabello desordenado.

Mezclada entre tantos emblemas argentinos en las calles, la bandera de Israel es un hito insoslayable en la asunción. La política internacional y su giro gigantesco impactan en el mundo. En una monumental residencia de West Palm Beach, el corpulento hombre de espaldas desayuna certezas y levanta el teléfono. Sonríe; un nuevo camino se abre hacia el sur.

¿Quién dijo que la corrección política es símbolo de probidad? Justamente, no hay peor falacia que la utilización de los parámetros de la corrección para encubrir la mentira. El Hombre de Cabello Desordenado no sabe de discursos acordes. Es todo pasión frente a la incomodidad.

La tarde presidencial (permítanme la denominación) es de desmesurado calor en Argentina. Las imágenes dan vuelta al mundo. Los bomberos abren los grifos de la casa de gobierno para aliviar las muchedumbres; el agua brota como un geiser de esperanza, la postal simbólica, casi bíblica, emociona desde las postrimerías de lo simbólico.  

Fe, fuerza y decisión. El precio de la libertad es transitar el infierno. No se es libre por declaración, se es libre por el ejercicio continuo de las facultades de la libertad.

En el sur del mundo, en la tierra de San Martín, en el terruño de las ideas de Alberdi, el paradigma acaba de cambiar. Los arrebatos místicos flotan en el aire; hay quienes dicen que el Hombre de Cabello Desordenado es el Hombre Gris de Parravicini, otros, ven en la estrofa no cantada del Himno Nacional, la inexorable profecía de su llegada:

Se levanta en la faz de la tierra,

Una nueva y gloriosa nación,

Coronada su sien de laureles,

y a sus plantas rendida un León.

Milei otea el horizonte desde Casa Rosada, por primera vez.

Siempre dijo que iba a estar a nuestros pies, no nosotros a los suyos. Habla ante un país emocionado que aguarda en silencio descreyendo, por primera vez, de la magia. Las soluciones no emergen de lo imposible, sino del dolor.

No hay noche que no haya sido derrotada por el día.

Esa gente que junta la mugre en la Plaza de los Dos Congresos, esa gente que se emociona cuando la ajustan, que no pide, que acepta la dignificación de la espera, no está sostenida por especuladores de la eterna e inmemorial trenza del afano argentino; es gente que aún en las peores situaciones, se hartó de la pobreza organizada y metódica vorazmente instituida por el estado.

Es gente que se levantó, es, también e igual que en el 46, aunque a muchos les de terror la comparación con la mitología de la decadencia, el subsuelo de la patria sublevado.

Salve Argentina. Estamos de pie.

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